Quienes se entreguen
a buscar la salud de otros,
deben recordar la historia de Buda,
al que su padre intentó proteger
de las miserias del mundo,
encerrándolo en su palacio.

Cuando logró finalmente escapar
de esa amorosa prisión,
descubrió la enfermedad, la vejez,
la pobreza y el ascetismo.

Y jamás volvió a su hogar.

Tal vez algunas personas
también deberán abandonar
alguna vez a quienes,
en nombre del amor,
los retengan en un abrazo
demasiado estrecho.

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